Somos imperfectos, ¡y nos gusta!

Mis hijos, mi pareja y yo somos una familia felizmente imperfecta.  Nos equivocamos (mucho, sobretodo los adultos), nos enfadamos, gritamos, hacemos rabietas, nos cagamos en todo, nos ensuciamos (mucho, sobretodo los pequeños…y algún adulto), ensuciamos la casa, pintamos las paredes…somos un auténtico desastre.

Quizá lo peor de esta “ruina familiar” sea lo orgullosos que estamos de ser así, lo poquito que nos importa…vamos, que no nos quita nada el sueño.  No tenemos ningún problema en reconocer que nuestros hijos, a veces, se portan mal, que nosotros, a veces, somos injustos con ellos, que el conjunto, en definitiva, es dinámico, vivo, en proceso de cambio y permanente (risueña/enfurruñada) evolución.

Estaréis pensando que de qué va esto ¿no?.  Simple.  Esto va de que la maternidad-paternidad es un completo y absoluto caos del que nadie se libra y sobretodo va, más que nada, de enorgullecerse de ello.

Como bien escribió en su día mi amiga y bloguera M, la maternidad tiene sus sombras…a lo que yo añado, sin ningún genero de duda, que la paternidad y la infancia también.  Negar estas sombras es negar la esencia de esta etapa de nuestra vida, dura y difícil a veces, espléndia otras.  Decir que todo es perfecto, ocultar nuestros problemas, nuestra tristeza, nuestra frustración, nuestros miedos es negarse a uno mismo el derecho a no ser “perfectamente feliz”.  Porque, amiguitos y amiguitas, se puede (¿o se debe?) ser feliz siendo imperfecto.

Como madre me he sentido sola, triste, cansada, hastiada, aburrida…si, mucho, muchas veces ¿y que?.  Reconozco sin vergüenza ninguna que, a veces, mis hijos “me caen mal”, que, a veces, he pensado en si pudiera dar marcha atrás…he tenido y tengo miedo, sobretodo a estar haciéndolo mal, a que mis hijos sean unos mal educados y la “culpa” (punzante, insistente, cargante culpa…) fuera mía.  He intentado definirme en un estilo de crianza, alejarme de otro, para acabar dándome cuenta de que el estilo que me vale es el mío, donde me siento yo, el que me funciona en casa, con una pizca de aquello y un poquito de lo otro.  He deseado huir, me he sumido en la absoluta miseria emocional tratando de ser fuerte, de criar como me decía la sociedad y no como me pedía el cuerpo.  Me he sentido avergonzada de reconocer la envidia en mi corazón al ver en otra casa lo que yo me he perdido.  Me he sentido indigna, mala gente, por haberme sentido así, por parecer la única, la original, la MALA MADRE.

Y de repente M escribió su entrada y muchísimas “malas madres” salieron del armario.  Y con ellas salieron maridos que no compartían opiniones, hijos que “la liaban parda”.  Y parecía que todos tenían lugar en el mundo…y que eran muchos, muchos más de los que a simple vista paseaban por la calle, por el barrio…

Formar una familia es difícil, agotador, frustrante a veces, gratificante muchas otras…tiene tanta imperfección …  Reconocerlo es sano, liberador… ¿Quién más se anima a salir del armario?

http://www.mapellcor.es/las-sombras-de-la-maternidad

La niña que vino del este.

Hace mucho, mucho que tengo pendiente un pequeño, minúsculo, homenaje.  Creo que desde antes incluso de arrancar esto del blog.  Esta va por mi joven y hermosa D.  La que se esta convirtiendo en mi amiga, mi confidente, mi persona de confianza.  Conocerte ha sido un lujo inmenso, una suerte al alcance de pocos.

D es una joven checa que se instaló en nuestra casa como au-pair en septiembre del año pasado.  D es, más que a nadie, a quien tengo que agradecerle el tener algo de tiempo para mi, para el blog, para hacer algo de deporte…también agradecerle que cuide de mis hijos tan amorosamente como lo hace cuando yo no estoy.

Gracias, princesa D, por regalarme tiempo, tranquilidad, confianza, cariño, toda la dulzura de tu enorme corazón, de chocolate checo.  En casa somos seis, siempre seremos seis desde ahora…te queremos D!

De pediatras capullas y otras brujas

medico regañaComo mujer y como madre, una de las cosas que me joroba más es salir de la consulta del pediatra o de las urgencias del hospital, con la sensación de que soy una ignorante, una mala madre o las dos cosas.

Es relativamente frecuente, aunque evidentemente no generalizado, que los médicos y otros profesionales sanitarios nos traten con una actitud paternalista que no entiendo porque muchos y muchas de nosotros tendemos a tolerar, y me incluyo.

La semana pasada X estuvo enfermo, un catarro, nada del otro mundo, pero tenía fiebre y empezó a hacer un ruidito raro al respirar.  Su padre y yo nos asustamos (T es asmática y ha tenido varias neumonías, así que los ruiditos respiratorios no nos hacen ni pizca de gracia) y decidimos acudir a urgencias.  Primero nos recibió la enfermera, muy amable ella, que certificó que efectivamente X hacia un extraño ruido al respirar, un gemido en cada espiración, pero que la saturación de oxigeno en sangre era perfecta (ahí ya nos desapareció el susto).  Aún así nos explicó que a veces las saturaciones eran buenas pero que había que auscultarlo, claro.

Bien, esperamos para la pediatra un ratito corto.  X estaba bien, juguetón, pedía teta, estaba contento y activo, pero seguía con el gemido en cada respiración.  Al visitarlo la pediatra al parecer no tenia nada, pero tampoco supo darnos explicación al ruidito.  Nos fuimos a casa y pasamos noche toledana, con fiebre que no acababa de ceder y ruidito toooooda la noche.

A la mañana siguiente pedí cita para su pediatra, con tan mala pata que no estaba y había una sustituta, de ahora en adelante, “la capulla”.

“La capulla” se dirigía a mi como “mami”.  Me pdió que le explicara y antes de que pudiera acabar ya me estaba regañando.  Primero:  la dosis de antitérmico no era adecuada.  “Así no le vas a bajar la fiebre, mami”.  Le contesto:  “es lo que me dijeron en urgencias, esta en el informe” y me empieza a dar una explicación, toda borde ella, de porque esa  dosis no le bajaba la fiebre (que digo yo, ¡explicaselo a tus compañeros de urgencias coño!).  Antes siquiera de auscultarlo me dice que ella es muy “de lo natural” pero que si tenía que darle antibiótico lo haría.  Le explico que X es alérgico a la amoxicilina y que si ha de darle antibiótico no le de ése.  Me pregunta que como lo se y le explico que el pasado verano le dimos amoxicilina por una otitis y le dió urticaria.  Me dice que eso no prueba que sea alérgico y que hay que hacerle las pruebas de tolerancia, que lo que le paso en verano podia ser un exantema fruto de la fiebre o de un virus.  Le digo que no fue un exantema, que el exantema no pica y a él le picaba y que cada vez que le daba el antibiótico la erupción aumentaba y desapareció al dejar de dárselo.  Le digo también que ya se que hay que hacerle pruebas pero que no voy a hacérselas yo en casa y que su pediatra me ha dicho que, por precaución, hasta que se le hagan las pruebas nada de amoxicilina, que compruebe que está anotado en la historia.

Bien, pasamos a la exploración.  “Mami lo llevas muy abrigado.  ¿tiene fiebre?”.  Respuesta:  “Creo que sí, pero he sido incapaz de encontrar el termómetro, de lo bien que guardé”  Y ahora viene una buena:  “Muy mal señorita, esas cosas hay que tenerlas controladas” (se me dibuja en la cara una sonrisa en plan, “tu eres gilipollas, ¿no?”

Resultado:  “Tiene moco en la base del pulmón izquierdo y si, efectivamente, hay que darle antibiótico” (yo creo que nada más entrar por la puerta ya sabía que nos iba a colocar el antibiótico)  Bueno, me receta un antibiótico y me repite varias veces como se lo tengo que dar (vamos que me toma por tonta) y me explica que si el domingo sigue con fiebre debo acudir a urgencias aunque el niño esté bien.

Ahora viene lo mejor.  Voy a la farmacia a recoger el antibiótico y, ¡oh sorpresa! está retirado de la venta.  Me quedo pensando que hacer, si llamarla y regañarla:  “Muy mal señorita, esas cosas hay que tenerlas controladas”, pero me da pereza y le pido a la farmaucéutica, en confianza, que la llame ella.

Conclusión final:  Esta semana hemos llevado a X a la revisión que le tocaba por calendario y su pediatra, de brillante trayectoria y muchísima experiencia, nos dice tras leer el informe de la visita de “la capulla” que X no necesitaba antibiótico, que era un simple catarro.

Independientemente del error diagnóstico, lo que me parece criticable es la actitud.  Las madres y padres que vamos al médico con nuestros hijos, vamos siempre preocupados por su salud y bienestar y buscando orientación diagnóstica pero también apoyo, consuelo, calma…Yo, como maestra, no me atrevo a decir a unos padres como educar a sus hijos, si acaso y si me lo piden, puedo darle mi opinión al respecto de algún asunto concreto y, cuanto mayor me hago más me cuesta.  No entiendo porque algunos profesionales de la salud se creen con derecho a juzgarnos y a “enseñarnos” a cuidar de nuestros cachorros.

Muy, muy mal señorita…¡CAPULLA!