Gracias P…y T, y X…

Siempre digo que tener un hijo con discapacidad no es ningún regalo, ni ninguna bendición.  No es que no asuma que mi hijo es “diferente”, es que no quiero caer en un romanticismo que me parece absurdo (me lo parece a mi, no digo que lo sea).  Pienso, y siento, que tener un hijo con una discapacidad es una putada, que no es justo ni para él, ni para sus hermanos, ni para nosotros como padres.

Pero como todo en la vida, tiene su parte positiva.  Digamos que es algo que, de alguna manera te pone “en tu sitio” y saca a la luz cualidades que ni sabías que tenías.

Cómo sino alguien que siempre se había considerado débil, asustadiza, tímida, con cierta tendencia a la apatía y la depresión se sentiría ahora capaz de comerse el mundo con el único fin de hacerle a su hijo un hueco digno en él?

P me ha enseñado a ser mejor madre y mejor persona.  Ha incitado en mi las ganas de luchar, de vivir y ser feliz solo para poder estar a su altura.

Le acompañan en tal empeño sus hermanos, quienes sin duda serán un gran estímulo para él, tal cual lo son también para mi.

A los tres, a mi niñitos preciosos y especialmente a P por su incansable afán de superación, gracias por elegirme como madre.