Clamando al cielo.

No voy a insertar ninguna imagen en esta entrada.  Todos hemos visto ya lo que teníamos que ver.  El éxodo de miles de personas huyendo de la guerra, del horror y de un país, el suyo, que se desmorona.  No hay que ir muy lejos en el tiempo, no hace falta tener memoria de elefante para recordar que, no hace tanto, éramos nosotros, los españoles, los que huíamos de casa con lo puesto, con los niños al cuello, sucios y llenos de miedo, tal como ellos llegan a nuestras fronteras estos días.

Algunos de ellos, demasiados, no pisaran nunca la tierra que creyeron les refugiaría.  Muchos perderán la vida en el camino.  muchísimos.  Los que lo consigan serán tratados como criminales haciendo caso omiso al artículo 14 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, esa con la que nos llenamos la boca y luego algunos se limpian el culo (perdonadme, me puede la indignación)

¿Y si fuéramos nosotros?  ¿Y si fuera mi hijo de tres años el que yaciera inerte en una playa?  No diré más, no hace falta más.  Tenemos que hacer algo antes de que sea tarde, antes de que nunca más podamos considerarnos seres humanos.

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