too much!

Llevo desde las doce del medio día en un estado de aturdimiento y flipe.  Alucinando me hallo!!

Resulta que aquí mi humilde “bloguito” aparece en el ranking de madresfera de esta semana, nada más y nada menos que en el número dos.

La última vez que miré las estadísticas de la entrada “Llegó y se fue” tenia algo mas de 65.000 visitas.  La pagina de Facebook ha crecido en 70 me gusta en una semana y también he recibido algún que otro mail.

Sin embargo, desde las doce, estoy “que no se como estoy”.  Reconozco que me agrada que el blog haya llegado a tanta gente pero de verdad que no me importaría nada estar donde estaba la semana pasada y que Mai estuviera con su madre, que es donde debe estar.  Ojalá no hubiera tenido que compartir su historia, ojalá su madre nunca me lo hubiera pedido.

Solo espero que sus palabras, que no mías, esa entrada es de Mai y su mamá, hayan servido de consuelo, de apoyo, de ejemplo…hayan conmovido a todas esas personas que han comentado con lágrimas y pesar el texto compartido.  Si así ha sido, me alegro y estoy orgullosa de haber servido de puente para que os llegara.  Es lo menos que podía hacer.

Mención a parte merece el hecho de que nos hayan censurado en facebook.

Gracias a todos y sobretodo la valiente mamá, por compartirse con nosotros,  por confiar en mi y en este espacio que siempre será suyo. Gracias a Mai por enseñarnos tanto.

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Llegó y se fué

Precioso, nutricio pecho de madre, de mamífera..esperando una cría que se fue...

Precioso, nutricio pecho de madre, de mamífera..esperando una cría que se fue…

Mai nació el 3 de marzo, en una cesárea necesaria por prolapso del cordón.  El prolapso del cordón es una complicación muy grave del parto que ocurre en rarísimas ocasiones y que, en este caso, tuvo consecuencias fatales.  Mai no se quedó con su madre.  Su madre es mi amiga, es una de las personas más sabias, fuertes y valientes que conozco, generosa a más no poder.

Hace varios días, compartió en Facebook un texto sobre el nacimiento de Mai y como había ella decidido actuar con respecto a la lactancia.  En el texto compartió una preciosa foto de su pecho desnudo llorando lágrimas blancas de leche por su pequeña princesa.  Algún descerebrado denunció la imagen y Facebook borró imagen, texto y los cientos de comentarios de apoyo y admiración que mi amiga había recibido.  No quiero decir nada al respecto, porque si me arranco diré tales barbaridades que o me censurarán a mi o me cerrarán la cuenta.  Hay que ser de otro planeta, uno cruel y deshumanizado para denunciar este contenido.

Mi amiga nos pidió a algunas madres que tenemos Blog si queríamos compartir su imagen y su texto.  Lo siguiente, en negrita y cursiva no es mio.  Es el texto que escribió la mamá de Mai, tan solo unas semanas después del nacimiento y muerte de su hija, paciente y amorosamente esperada durante 40 hermosas semanas.

Cuando la leche no es blanca

El pasado 3 de marzo mi hija Mai nació muerta. Nadie te prepara para eso. Nadie está preparado. Dentro de la nebulosa del momento, burrocracia, gestiones, decisiones y recuerdos, alguien te ofrece pastillas para cortar la leche. Alguien te dice que puedes esperar. Y en ese momento caes en que tu cuerpo, tu cuerpo de madre, parida la placenta, producirá leche en unos días. Y te cagas en la Naturaleza. Mi elección fue esperar, quizás para aferrarme a lo que de Mai me quedaba. No me arrepiento, fue una despedida suave y paulatina, pero cada mujer debe tener libertad para escoger la suya. Los profesionales deben informar. No juzgar. Tras la cesárea de urgencia y la muerte, el shock y el dolor físico dejaron paso a una fuerza increíble que me impulsaba a levantarme, a lamerme mi propia herida. Los pechos se me llenaron de leche, tremendos y calientes. Fui mamífera en estado de alerta, buscando a mi cría, esperándola. Por la cesárea tomaba antiinflamatorios, quizás por eso no sentí dolor, solo malestar, no tuve necesidad de extraerme leche ni de aplicarme frío ni hojas de col. Dejé fluir la leche, simplemente, dejé que me mojase despidiendo a mi bebé, dejé que se perdiese. Dejé a mi cuerpo hacer su duelo, llorar su luto, hasta que la leche se marchó. Y con ella la fuerza. La mamífera que por fin tomó conciencia de que su bebé no iba a volver. Mamífera vacía de vientre y pechos muertos. El cuerpo de madre, creador, nutricio, lleno de vida y alimento pasó suavemente a convertirse en silencio, en cementerio.

Edito para enlazarlos al Blog de Maria, la mamá de Mai.  Allí encontrareis este texto y otros relacionados con la perdida de Mai y el duelo.

http://maternario.blogspot.com.es/